
Las fotos son malas, pero apelo a la buena visión de los lectores de
Autopeste para poder interpretarlas. El tema es que, con el tema
Baradero fresco en la memoria, estas cosas parecen inauditas. Probando autos por el interior del país nos solemos encontrar con estas cosas, así que hice el esfuerzo en este caso, de no dejarlo pasar y de detener el auto para poder hacer, como pude, estas tomas con el celular y cuando ya estaba anocheciendo, así que sabrán disculpar.
En la moto, viajan
Papá, conduciendo. Y atrás va
Mamá, que lleva en sus brazos a un
nene de unos tres o cuatro años. Los tres van con casco, como si eso los alejara de los riesgos. ¿Qué pasaría ante un
leve impacto con ese nene cuyo
único sostén es el brazo de la mamá que le rodea el cuerpo? Es una
gran imprudencia que pasaba desapercibida en medio de los demás conductores y supongo que de algún agente de la ley. Pero puesto en abogado del diablo, lejos de justificarlos, hay que tener en cuenta la situación de los habitantes de tantos municipios del interior en los que el transporte,
el colectivo, es absolutamente ineficaz. Los entuertos entre los empresarios de este sector y los políticos de turno, que reciben su tajada por otorgar las concesiones y luego por esto no pueden demandar un
mejor servicio, ni aplicar sanciones ejemplificadoras, hacen que éste prácticamente nunca cumpla con sus frecuencias. Y que todo lo que se haga al respecto sea puro
jarabe de pico. Ergo, si tampoco hay subtes o trenes, y uno lleva una vida más o menos normal, en la que tiene que estar en el trabajo a una cierta hora, y luego en otro lugar, y a buscar a los chicos a la escuela a tiempo, resulta
imposible calcular los tiempos. Entonces ¿qué hace la gente? Recurre a las motos, a los ciclomotores o a comprar viejos autos destartalados para poder transportarse. Por eso, en muchos de estos accidentes que luego tienen repercusión pública y livianamente se lanzan culpas, la corrupción también anda manejando.
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