
Como cuando una tía nos regala, una vez más, un pack de pares de medias, como mi cuñada cuando me regaló un disco de
Phil Collins, como quien descubre que ese juguete carísimo que le compramos a nuestros hijos es una
reverenda berretada, con ese sentimiento, con esa misma sonrisa de ojos que buscan algo más recibimos la noticia de que
Citroën va a presentar en la Argentina en
2011 su modelo
DS3. No sabemos si lo van a producir en el
Mercosur o qué. Aunque para traerlo importado no tendrían porqué esperar al año que viene. Esta especie de
Mini Cooper franchute es lindo, para qué vamos a negarlo. Aunque no sabemos
cómo hace el que viene atrás para mirar hacia afuera. Es lindo, y a la vez tiene todo (líneas marcadas, molduras, tomas de aire) para fascinar al
diseñador brasilero que ya debe estar garabateando versiones 5 puertas, furgonetas y pick ups. Pero seguramente va a ser caro,
muy caro. Y acá volvemos al
tema-desvelo de
Autopeste, acerca de cuál es el
rol del automóvil en la sociedad actual, qué sentido tiene vender autos pequeños, de planteos egoístas, para pocos pasajeros sólo a los que tienen
dinero, en un contexto de creciente escasez de petróleo, y no apostar a la vieja idea de un tal
Henry y un tal
Ferdinand, según la cual el empleado común podía tener un autito para transportarse él y su familia, en un medio como el nuestro, cuando en
innumerables localidades del interior, el transporte público casi
no existe, los caminos son accidentados y las distancias son largas. En esos pueblos, el que puede hacer un esfuerzo se termina comprando un
Falcon destartalado, sin papeles y al diablo con la seguridad vial propia y de terceros, cuando no sube a su mujer y sus dos hijos a un
ciclomotor. Una respuesta que imagino es
netamente europea y no creo que fábrica alguna intente una
"versión Mercosur" que la evite en nuestros pagos: en un continente donde el laburante viaja en
trenes urbanos a todos lados, el patrón vuelve a su hogar en uno de estos
"artefactos exclusivos". ¿Para qué venderle autitos baratos a empleaditos si con el tren llegan a sus casas tranquilos? En nuestro país, el patrón joven viajará en un
DS3 mientras sus empleados se apretujan en el
Sarmiento.
Citroën, sin llegar a hacer una beneficencia que no le exigimos, pudo elegir y fabricar el
nuevo C3, que seguramente sería mucho más
masivo que el
DS3, que seguramente se va a
vender mucho más que el DS3. ¿No se dedican a eso las fábricas de autos, a venderlos? Pero en la
Argentina asistimos a un fenómeno extraño: las marcas generalistas pretenden vender autos como si fueran
artículos exclusivos. Más que marcas de autos,
prefieren ser el cartel, la publicidad de la marca de autos. Y eso, si bien en términos de marketing puede ser juzgado como brillante para algunos pibes de aspecto cuidadosamente roñoso almorzando en
Las Cañitas, no nos gusta. Para nada. Y una vez más vamos a asistir al desfile de
cientos de tipos que la última vez que pensaron fue en 1987 y creen tener en su garage
una leyenda, una exclusividad que resulta
colectiva en todo su barrio ricachón: ¿un Jaguar XK120? ¿Un Mercedes alas de gaviota? ¿un Cord? No, un pedestre
Citroën DS3...
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