lunes, 16 de agosto de 2010

La vuelta de Talbot y el asquito de algunos

La información hizo agarrar de los pelos a muchos: pensando en mercados como el nuestro, el grupo PSA haría resucitar la legendaria marca Talbot como nombre de sus nuevos proyectos Low Cost. Así como Renault tiene en Dacia su estandarte en este tipo de productos, Talbot sería la Dacia de Peugeot-Citroën. Si bien a Renault Argentina se le puede criticar el no blanqueo de esta situación, por estas costas, los gritos al cielo no tardaron en aparecer: ¿Cómo se atreven a vendernos productos de segunda a nosotros? ¿Qué se creen? ¿Nuestra plata no vale? Dicen señores que instantes antes se bajaron de autos que llevan una marca "de primera" en su capot, pero que fueron concebidos veinte años atrás, que son derivados locales de dudoso diseño, que tienen un equipamiento con muchos faltantes lógicos, que tienen plásticos deplorables, terminaciones lamentables, que no ofrecen una verdadera oferta de colores, que cuestan lo mismo que sus sucesores europeos de hoy, que consumen mas de lo normal, que son la versión de un extraño país oriental de un añoso auto europeo, y que para la central de la marca en cuestión no es mas que una forma de levantar guita en el tercer mundo con tecnología ya superada. Y si no te gusta, jorobate. No sea cosa que la marca se enoje y se vaya del país dejando miles de trabajadores en la calle, o cierre la planta porque en Brasil cuesta menos fabricar el desecho que te venden como auto. Pero de eso nadie se queja. Por el contrario, estos autos "Low quality" se venden mas que nunca. Eso si: está mal que vuelva Talbot. Para todos esos muchachos, tengo una noticia que los hará avergonzar, tal vez, de su propia historia. Hubo un Talbot que se fabricó en la Argentina, con mucho éxito y fue muy querido. Aquí no se llamó Talbot, pero en Europa tuvo su correlato en esa marca, además de Hillman y Chrysler. Ahí lo tienen en la foto, el Talbot Avenger. ¿lo reconocen?

sábado, 14 de agosto de 2010

Ford Fiesta 2010 y 1/2: Teneme el saco!

Esta segunda generación del Ford Fiesta que se conoció en la Argentina ya vino mal parida de entrada: forma parte del proyecto Amazon que generó una plataforma regional que también formó parte de la EcoSport, que fue lo que en definitiva salvó el proyecto. Las ventanillas del modelo resultante terminaron siendo marcadamente mas pequeñas que las de su similar europeo, restándole parte de su estética. El motor, el añoso 1.6 tampoco ayudó. Años mas tarde se produjo el primer restyling y su primera demarcación respecto de lo que le quedaba de su similar europeo. Una trompa olvidable que además conllevó la disminución en la calidad de los acabados. Pésimos tapizados y un aspecto interior muy desmejorado, con un precio que nunca fue de los mas acomodados. Digamos que Ford utilizó la estrategia de que la marca de autos mas prestigiosa del país debería venderse sola, sin darse cuenta de que esa idea hace veinte años que no les funciona. Ahora, con la pronta llegada del totalmente nuevo Ford Fiesta que dicho sea de paso, entre rumores, notas varias, gacetillas periodísticas y promesas de que “ya sale” va a ver la luz en 2011 cuando en Europa salió en 2008, en vez de pensar en echar este Fiesta Mercosur en el definitivo olvido y pensar en escalonar bien el nuevo modelo, aparece este nuevo restyling que ya nos suena a cargada, a tomada de pelo, a mojada de oreja. También recurre a otro recurso ya remanido en estos engendros brasileros y que nos harta: todo rediseño debe tener tazas cada vez mas rebuscadas. Y también tiene unas tomas de aire dignas de un taller tunero de cuarta. Queda claro: este nuevo viejo Fiesta va a quedar en el escalón de abajo, mas o menos accesible para el asalariado común, para el plan Ovalo y susceptible de bajar el equipamiento según se necesite aunque tenga que venir con cinturones de seguridad de hilo sisal. Tal vez hasta lo llamen “Fiesta One”. El otro Fiesta, el nuevo, proveniente del exterior, va a tener una escala de precios superior, posicionado mas arriba y para un público de mas categoría. Así, un señor que dispone de un cierto capital y éxito en su vida profesional va a manejar un auto que en Europa ocupa el nicho de mercado de un Fiat Duna bien equipado. Mientras tanto, el Focus construido en Pacheco, que da trabajo a obreros argentinos, va a verse canibalizado porque si el Fiesta se le superpone en precio, va a tener que subir los suyos, con la lógica pérdida de mercado. Y pensar que uno criticaba los paragolpes del Sierra, que provenían de la versión norteamericana de la XR4Ti en lugar de los estilizados del modelo europeo. ¡Ojalá hoy sea esa la única diferencia! Porque esta nueva trompa del nuevo viejo Fiesta, que nos parece una cargada, con ese intento de acoplar líneas rectas del remanente New Edge con este intento redondeado que tampoco es Kinetic Design y esa enorme parrilla baja, negra, estéticamente insostenible, de tan bajo vuelo estilístico y de la que se nos hace muy difícil ejercer una crítica sin terminar en el exabrupto, nos hace sentir realmente ofendidos, al punto tal de buscar algún cráneo de Ford, si todavía hay alguno, invitarlo a salir a la calle, pronunciar a algún amigo aquella frase del barrio: “-Teneme el saco-“ y asestarle unas cuantas trompadas.