
Una de las enseñanzas que me dejó este día es que
mucha gente cree ciegamente en las comunicaciones que emiten las fábricas de autos, ya sea a través de sus propios departamentos de prensa o por medio de las publicaciones (revistas, suplementos de los diarios, etc) quienes nunca serán críticos con estas comunicaciones. Digo esto porque en los últimos días circuló la noticia de que
Toyota deberá implementar un “recall”, "call back" o, como se está diciendo en castellano,
“revisión” de algunos de sus modelos a raíz de deficiencias en el cable del acelerador o en el acelerador mismo. En nuestro país
Toyota fue un poco ambigua en ese sentido y no quedó claro qué va a hacer. Por lo que entendimos, o aquí se fabrican nuevos modelos con partes que datan de antes de que se implemente esa parte defectuosa, o bien, esa pieza está en su Toyota y si un día usted sufre un
accidente, la culpa será de lo mal que manejamos los argentinos. Ahora bien, el call back o revisión
no es algo nuevo en la industria automotriz mundial. Haciendo memoria así nomás, recuerdo el caso del
Ford Pinto en los años setenta, cuyo tanque de combustible se encontraba tan cerca del paragolpe trasero, que en caso de colisión por ese sector, el tanque
explotaba. El defecto se intentó resolver, pero la suerte del auto estaba echada y
Ford terminó por discontinuar un modelo francamente olvidable. Lo peor es que algunos circulan por nuestro país, y no sabemos si son de antes o después de la revisión. Otro caso que recuerdo es el de la
Chrysler Caravan de primera generación. La cerradura del portón trasero era muy endeble y en un camino accidentado, o ante algún leve golpe desde adentro, solía abrirse. Esto determinó accidentes, en muchos casos graves, sobretodo en
niños que viajaban en ese sector y se apoyaban en el portón trasero desde adentro. Chrysler llamó a revisión y cambió las cerraduras, perdiendo
paladas de dólares. También recuerdo una novela titulada
“Ruedas” de un tal
Arthur Hailey, que fue best seller hace mas de treinta años y de la que también se hizo una película. La novela contaba la interna de las marcas automotrices estadounidenses. Uno de los casos es cuando en pleno desarrollo de un nuevo modelo, la empresa de los protagonistas descubre que es imprescindible colocar un
refuerzo en el chasis que costaba unos pocos centavos de dólar. Sin embargo, al hacer las cuentas minuciosamente y en la cantidad de autos que iban a fabricar, concluían que esa pieza le haría perder a la compañía muchos millones de dólares, por lo que optan por no colocársela.
Ahora, finalmente, pareciera que el
“recall” está llegando a la Argentina. Si bien ha habido algunos casos, el tema está en cómo se lo maneja
comunicacionalmente. Tal parece que
Volkswagen en
Brasil va a llamar a revisión a
200 mil Gol y Voyage por un desperfecto en la lubricación del eje trasero, y seríamos francamente imbéciles si nos creyéramos que ninguno de los autos que vino a nuestro país tiene ese defecto. De modo que ya están viendo que lo van a tener que implementar, y acá regreso con el tema inicial, el de la
comunicación o cómo las fábricas de autos comunican en la Argentina. En Europa, recuerdo, cuando estas cosas ocurren, enseguida cualquiera puede ver en un diario un aviso muy sobrio, de fondo blanco y letras negras con el logo de la marca en cuestión, que dice más o menos así:
“A los propietarios del auto tal: lamentamos informarles que si su auto tiene el número de serie comprendido entre tal y tal, posiblemente tenga un defecto en tal lado. De modo que les rogamos concurran a la concesionaria más cercana, donde sin ningún cargo, efectuaremos las correcciones correspondientes. Queremos pedirles nuestras sinceras disculpas por los inconvenientes que les hemos suscitado. Firmado: la empresa:” Es decir, la compañía se muestra al menos
contrariada.
Pero acá es distinto. Ya actuaron los creativos y lo presentan como un
innegable avance –hasta tecnológico- de la empresa. Dicen que este tipo de cosas en el primer mundo es habitual y
¡qué bueno! ¡Qué responsables! Ahora lo estamos trayendo aquí también, como si fuera un peinado de Giordano.
Eso me trajo a la memoria otras circunstancias en que las empresas abiertamente falsean la verdad y que se podrían incluir en una futura nota. Vamos a dejar de lado la primera de las mentiras, la de que tal auto se produce diferente a como es en origen porque
“Lo hemos adaptado a los difíciles caminos del Mercosur”, y después vienen autos fabricados en Europa a correr sin problemas el
Dakar. Una es cuando un cierto auto se deja de fabricar en todo el mundo y en el único lugar en que lo tenemos que seguir soportando es aquí. Entonces dicen:
“Desde tal fecha, el modelo tal sólo continuará produciéndose en la Argentina, para, desde allí, abastecer a todos los mercados que aún lo requieran” ¡MENTIRA! Otra: un auto se está por dejar de fabricar en todo el mundo, pero acá recibe un
restyling. El fabricante dirá:
“La nueva versión del auto tal para el Mercosur incorpora soluciones únicas en la historia del modelo, ya que el rediseño le permite incorporar nuevas tecnologías con las que antes nunca había contado”. ¡VERSO! Otra: Un auto se sigue fabricando aquí, aunque en origen su sucesor ya está muy maduro. Hay quienes preguntan para cuándo el reemplazo aquí. La empresa dirá:
“Lo que pasa es que el nuevo modelo es más grande, más potente, más lujoso…En fin, se corrió del nicho y nosotros aquí creemos que el mercado nos pide rescatar la esencia del modelo, la que lo hizo ser el noveno auto más vendido hace dieciséis años.” ¡POR FAVOR! En otra nota tal vez encaremos tan difícil tema. Por ahora me quedo con el manejo marketinero del tema
“revisión” y lo casi inmoral del asunto, en tanto un defecto de fabricación puede cobrarse vidas. La del propietario del auto y/o las de los transeúntes, y el hastío por ese horrible tonito de :
“Nuestro progreso nos catapultó al primer mundo: a tal punto que ahora revisamos los autos que hacemos mal.”
En una película yanqui ("Súper-Secreto", si mal no recuerdo), mostraban en una escena una parodia de la publicidad del Ford Pinto, en donde era apenas tocado de atrás por otro vehículo, y luego de mostrar en primer plano el logo del auto, el Pinto estallaba en mil pedazos.
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